Estás tan concentrado en no caerte; dudás si cruzar
En tu orilla estuvieron cada batalla y alegría.
¿Qué podía hacer especial otro suelo a tus ojos?
Me levanto de la arena, sacudo el polvo y me alejo
Te retirás también, taciturno
como el mar inmenso cuando choca y destroza las rocas,
sin culpas de las grietas que deja
Tranquilo, querido mar, no es reproche
Quizás este relato nunca se convierta en una canción
Te quise demasiado para dedicarte
palabras que no estuvieran envueltas
más que en el color de tus ojos.
Me llevo conmigo los sueños,
tardes de música y miradas sin fin,
a mi propia orilla.

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